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sábado, 25 de octubre de 2008

Fuga de cerebros

Punto A.. viñeta dedicada a Fernando Manero. Ya os ire dedicando una a cada un@.

Punto B... Fuga de cerebros


Y no voy a hablar de la gente inteligente que tiene que emigrar a otros países para que se tenga en cuenta su trabajo, no dispongo de esos datos por desgracia, es algo muy diferente.

El 18 de abril de 1955, Thomas Stolz Harvey, el jefe de patología del hospital de Princeton, extrajo el cerebro del cuerpo de Albert Einstein y se lo llevó a su casa. Tres décadas después, un periodista de Nueva Jersey localizó al médico en el estado de Kansas y descubrió que conservaba el cerebro de Einstein en uno de los tarros de su cocina. El científico explicó que lo había cortado en 240 trozos y que había viajado por todo el país con el cerebro del genio en el maletero del coche.
En enero de 1916, el Dr. Luis Henry Debayle realizó la autopsia del poeta Rubén Darío y decidió quedarse con el cerebro como recuerdo. Mientras se disponía a salir por la puerta, el médico fue interceptado por el cuñado del poeta, que pretendía vender la víscera por su cuenta, y se inició una pelea a puñetazos que terminó con el cerebro de Darío en comisaría. Desde entonces, el destino del cerebro del poeta se ha convertido en un auténtico misterio.

Objeto de estudio ha sido el cerebro de personajes tan dispares como Lenin, el asesino Edward H. Rulloff, el indio Ishi (el último miembro de la tribu de los yahi de California), o el matemático alemán Carl Friedrich Gauss, cuyos sesos han sido conservados en formol durante más de siglo y medio. A los cadáveres de todos ellos les fue arrebatado el cerebro por el bien de la ciencia o por pura curiosidad morbosa. A finales del siglo XIX, como consecuencia de las teorías de ciertos anatomistas franceses, sobrevino la moda de extraer y pesar los cerebros de los personajes más ilustres, de modo que fueron pasando por la balanza los cerebros de genios como Iván Turguenev, Anatole France o Pierre Simon de Laplace con las consiguientes y odiosas comparaciones.

A principios del siglo XIX un tal Wilhem, científico alemán, se dedicó a la tarea de pesar cerebros.
Tras años de pesar muestras, llegó a la conclusión de que el cerebro femenino tenía una media de peso inferior al masculino, por lo que argumentaba que la capacidad intelectual del hombre era mayor que la de la mujer.
Como buen científico, al morir legó su cuerpo a la ciencia. Y el peso de su cerebro estaba por debajo de la media del cerebro femenino. (Sin comentarios, jajaja).

No entiendo de neurotransmisores, ni nada que tenga que ver con la ciencia de estudiar cerebros, pero me parece una solemne tontería, diseccionar un cerebro para ver porque motivo es más o menos inteligente, imagino que se deberá a un cúmulo de circunstancias y de maneras de interpretar la información que nos llega desde la más tierna infancia, no se .. me da la sensación que es como querer batir el record de natación, estando sentada en la orilla viendo como nadan los demás, sin más… Estoy de acuerdo con las investigaciones que se llevan a cabo por ejemplo en España en el hospital Fundación de Alcorcón, donde se conservan los sesos de mil quinientas personas en sus correspondientes tupperwares, para estudiar enfermedades como la esquizofrenia o el alzheimer pero no me hace ninguna ilusión acabar “descerebrada” y que se me lleven de paseo en el maletero de un coche de esa guisa. Valeee…. Mi cerebro no es el de Einstein, pero igual lo quieren para compararlo con el de algún inteligente de estos tiempos. Así que decidido… a mi que me dejen mi cerebrito cuando me vaya de viaje con la Parca, en busca de Caronte. (La moneda para el viaje dármela en vida) que está la cosa achuchá. Jajajaa.

Buenos diiaaassss. Besoabrazo para todos