
Hoy he visto tus desnudas arenas
socavadas por los pies descalzos
del agua salada.
He observado el vaivén de las olas
desmayándose sin prisas en tu playa.
He oído el sórdido ruido de tus aguas
golpeando una y otra vez tus rocas
como tristes kamikazes
dispuestos al suicidio colectivo
por alzar banderas blancas de esperanza,
Tus cimbreantes palmeras
mecerse al viento seco de la tarde
Tu desierto paseo, recordando a la gente
evocando el beso ardiente del verano
cuando saben tus calles lo que es calor humano
por sentir el contacto de los pasos descalzos.
Te he visto casi ausente... pensativa.
¿Piensan las calles?
¿Sienten la rutina?
Tu iglesia en su alto trono
me da envidia...
Domina el tiempo en su quietud tranquila.
Esa brisa salada, le da vida.
Y ese sordo rumor,
hace doblar tus campanas
cuando solo el silencio tu voz rasga.
Ese viejo cañón callado y triste
enmohecido, viejo, cansado
como un cíclope olvidado
contempla el mar
con un silencio apagado
enamorado del mar
sobre la vieja muralla
va contando las mareas
y oyendo el rumor sereno
de las olas que impasibles
van golpeando las rocas.
Y esa escalera de piedra
y esas fachadas de rocas..
y esas paredes de tierra
y esa iglesia desgastada...
Son como mudos testigos..
de ese amor..de tierra y agua.


